Por estos tiempos es común que asociemos la palabra juego a una imagen infantil, sin embargo jugamos a través de la vida y de diferentes formas. Una combinación de ingenio, de memoria, actividad física o mental, desafío, atención, aciertos o desventajas, de eso está hecho el juego y nuestros emprendimientos.
La propuesta aquí es introducirnos al mundo de los tableros, esa recreación de la vida que nos deja ante un desafío compartido o en solitario.
Imaginar un tablero nos lleva a una imagen cuadriculada, o de casillas bien definidas donde se posicionan piezas que nos representaran y en las que nos identificamos en sus avatares, esas cuadrículas, son un plano para la acción los primeros (ya en el neolítico) por quienes dan origen a las civilizaciones.
Se interpreta que la búsqueda era una forma impresa de diálogo con sus dioses, sobre un breve espacio la figuración de sus necesidades vitales.
En el norte de África y Asia oriental lugar con vestigios de los primeros asentamientos, para alimentarse requerían un cultivo cuidadoso y administrar las escasas posibilidades de riego. Construían rectángulos o cuadrados para sembrar, el riego consistía en cruzar líneas de trazo paralelo y perpendicular, con una inclinación adecuada, era posible hacer circular el agua por esos canales manteniendo la humedad homogénea en la superficie de cultivo. Es así que para rogar a sus dioses buena cosecha, recreaban sus canteros y con siembras de semillas expresaban sus deseos, a su vez "leían" en las posiciones en que caían las semillas, los designios para su gente. De allí a un tablero de ajedrez, (por decir uno que todos conocemos), el juego ha sido y es nuestro compañero de ruta. Ha asumido los mitos, las leyendas, las enseñanzas, los miedos, cada paso afortunado o no que hemos dado se refleja en alguna de estas propuestas lúdicas, es posible recorrer el planeta eligiendo propuestas ya creadas de juegos, además de situarnos en algún momento en la historia.